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El alzheimer: una enfermedad alimentada por el azúcar

Una buena dieta puede ayudarte a reducir el riesgo de sufrir muchas de las enfermedades modernas y que son una auténtica plaga para la sociedad. Sin duda una de las que más me entristece es aquella que te deja sin memoria y que a la larga se acaba sufriendo en soledad, el alzheimer.

El alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa del tipo de demencia que afecta a la capacidad cognitiva y genera trastornos conductuales. La mayor característica de esta enfermedad es la pérdida de memoria inmediata. Poco a poco van muriendo las neuronas, atrofiando distintas partes del cerebro. Esta enfermedad no tiene cura y es terminal (aunque depende del paciente, la duración media de vida después de su diagnóstico es de 7-10 años). Actualmente 46 millones de personas en todo el mundo padecen esta enfermedad.

Esta enfermedad suele aparecer en personas mayores de 65 años, aunque en casos raros y/o excepcionales, puede ser desarrollada por personas a partir de los 40. Las personas que la padecen no son capaces de adquirir nuevos recuerdos, sufren de irritabilidad, confusión mental, agresividad, cambios de humor y una pérdida gradual de las funciones biológicas.

Estaremos de acuerdo en que es una enfermedad terrible que al final consigue que las personas dejen de ser ellas mismas, ya que si se pierde la mente, se pierde la esencia de la persona. Como he dicho al principio, lamentablemente a día de hoy aún no hay una cura para superar dicha enfermedad, por lo que la prevención es, de momento, la única baza que tenemos para disminuir los riesgos de padecerla y/o retrasar su aparición.

Los estudios que existen hasta ahora no son firmes, pero ya apuntan a que la alimentación puede tener mucho que ver, tanto en la prevención como en desarrollo de la enfermedad. Entre otras enfermedades que se han relacionado con el alzheimer se encuentra la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2 (consecuencia de la primera). Se ha encontrado una relación entre ambas enfermedades y el alzheimer, ya que el 80% de las personas con este tipo de demencia sufren una o ambas enfermedades relacionadas con la insulina en la sangre. Ojo, esto no significa que la consecuencia de padecer resistencia a la insulina o diabetes conlleve necesariamente tener alzheimer, sin embargo, las personas que están genéticamente predispuestas a padecer el alzheimer podrían incrementar sus posibilidades de desarrollarlo si también sufren de resistencia a la insulina.

Lo que sí es cierto es que el exceso de azúcar en la dieta diaria de una persona media tiene un gran impacto en la producción de insulina del cuerpo, además de generar picos de glucosa en sangre. El cerebro funciona y se nutre con glucosa, y aunque parezca paradójico, mientras más azúcar comemos, menos glucosa le llega a nuestro cerebro, ya que se genera una resistencia a la insulina. Esto hace que nuestro cerebro “pase hambre” y al final se comience a comer a sí mismo. Si además se cuenta con herencia genética de alzheimer, este hecho puede ser un detonante para que se desarrolle la predisposición.

Queremos insistir en que aún no existe una cura para esta grave enfermedad y que la prevención no es sinónimo de que se elimine la posibilidad de padecerlo. Lo que sí podemos hacer es cuidar nuestra salud, huyendo del azúcar que tanto mal nos hace. Cada vez hay más productores de alimentos que se niegan a introducir el azúcar dentro de sus ingredientes, precisamente porque el azúcar genera grandes problemas a la salud.

 

Niklas Gustafson
Autor del post
Niklas Gustafson

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