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El secreto para una compra saludable

Hace miles de años, cuando se comía de manera natural, no existían las etiquetas nutricionales, nuestra alimentación se basaba en la caza, recolección de frutos y vegetales silvestres, todo lo que se comía era verdaderamente natural. Pero hoy en día, es muy frecuente que todo lo que comemos haya sido procesado industrialmente, contengan aditivos, conservantes, colorantes artificiales y venga empaquetado; es lo que llamamos un pseudo-alimento; un alimento que huele y sabe a comida, pero es pobre en nutrientes.
Por ello es muy importante leer y, sobre todo, comprender qué nos dicen esas etiquetas nutricionales, para saber lo que vamos a comer realmente. Este es el secreto para garantizar una compra saludable.

¿En qué debemos fijarnos cuando leamos las etiquetas nutricionales?

Una de las cosas en las que primero debemos fijarnos es en el tamaño de la porción, que es el que el fabricante define como la ración individual recomendada, además aparecen los valores por 100 gramos. Se debe tener mucho cuidado con esto, ya que muchas veces, sobre todo en productos ultraprocesados, la porción recomendada es mucho menor que la cantidad que se va a consumir.

Otro componente a tener en cuenta son las calorías, es decir, el valor energético. En muchas ocasiones éste es el componente al que más atención se presta cuando no debería ser así, contar calorías no sirve para nada.

Por norma general nos solemos alarmar si vemos que un alimento es un poco elevado en kilocalorías, pensando que directamente nos va a engordar, y lo que realmente nos debe preocupar es de dónde provienen esas calorías, prestando atención a los nutrientes.

Los carbohidratos uno de los datos más relevantes a la hora de leer las etiquetas, y debemos prestar mucha atención a su procedencia -al igual que ocurría con las calorías-. Son muy diferentes los carbohidratos que contiene un pastel o cualquier producto ultraprocesado que los que contiene una manzana o un plátano, por ejemplo.

Para poder ver de dónde proceden los carbohidratos, es decir, que ingrediente nos va a proporcionar ese aporte de energía, es muy importante fijarse en la lista de ingredientes, de la que os hablamos un poco más adelante.
Los porcentajes que aparecen en la tabla nutricional y en la lista de ingredientes tienen que coincidir.

Y también debemos tener en cuenta que no es obligatorio que aparezcan todos los valores nutricionales en dicha tabla, ya que, por ejemplo, el almidón es uno de los componentes que forman el grupo de los carbohidratos y no siempre aparece.

Dentro de los hidratos de carbono hay que tener muy en cuenta el azúcar, es uno de los componentes más importantes a la hora de decantarnos por un producto u otro. Si nos leéis desde hace tiempo sabréis que vamos en contra del azúcar, particularmente del refinado que no contiene nutrientes y es perjudicial para nuestra salud. Por ello, os recomendamos elegir siempre productos sin azúcares añadidos.

La fibra también forma parte de los carbohidratos, en concreto de los complejos, y aunque es muy recomendable su consumo, hay que distinguir la fibra que está presente en los alimentos de manera natural de la que es añadida artificialmente, y es con ésta con la que tenemos que tener especial cuidado.

Un truco para distinguirla rápidamente, si véis en los ingredientes palabras como polidextrosa, oligofructosa o inulina es fibra añadida, normalmente para conseguir ese aporte extra para productos que nos venden como “alto en fibra”.

Las grasas es otro de los componentes que se suelen tener muy en cuenta erróneamente, ya que se tiende a pensar que los alimentos que contienen grasa son perjudiciales y opta por aquellos bajos en grasa que tienen encubierta grandes cantidades de azúcar, lo cual sí es muy perjudicial.

No les tengáis miedo, las grasas no sólo son buenas para nuestro cuerpo también son necesarias. Pero lo cierto es que de este grupo debemos tener cuidado con las grasas trans, en estas sí que nos debemos fijar a la hora de elegir un producto y evitar así su consumo, ya que no son grasas naturales y resultan muy perjudiciales para nuestra salud.

Podemos encontrar grasas trans en alimentos elaborados industrialmente con aceites vegetales, snacks salados, bollería industrial y empanadas entre otros.

También debemos tener cuidado con la sal o sodio, no debe preocuparos demasiado la cantidad de sodio que se encuentra naturalmente en los alimentos, pero sí el uso excesivo que hace de él la industria alimentaria, ya que gracias a la sal hacen productos mucho más sabrosos y estimulantes al paladar.

El sodio fomenta la retención de líquidos, la celulitis y nos hace sentir más pesados entre otras consecuencias, por lo que lo ideal es buscar alimentos que tengan un bajo porcentaje.

¿Son importantes los ingredientes y el orden?

Además de todo lo que acabamos de comentar, debemos fijarnos en los ingredientes que componen el producto y el orden en el que éstos aparecen. Es muy importante a la hora de elegir un producto u otro y suele ser un aspecto que no se tiene muy en cuenta, de hecho sería en lo primero que nos deberíamos fijar junto con la cantidad de azúcar que contiene.

Los ingredientes están ordenados en función de la presencia que tengan en el producto, de más a menos. Por lo que a la hora de tomar la decisión de si comprar o no un producto debemos tener esto muy presente.

Además, por ley es obligatorio que aparezca el porcentaje de cada ingredientes, en especial, de los que son ingredientes principales según el nombre del producto. Un ejemplo, en cualquier bolsa de patatas con sabor jamón, debe aparecer por ley el porcentaje de jamón que contiene.

El marketing detrás de los alimentos industriales

Detrás de cada producto que la industria cataloga de “light”, “fitness” o “saludable” entre otros, puede encontrarse un producto cargado de azúcares y aditivos muy perjudicial para la salud.

La industria tiene muy estudiadas sus estrategias de marketing para hacernos creer que lo que nos proponen son productos adecuados para alimentarnos correctamente.

Por suerte cada vez hay más personas que se preocupan por su salud y cuidan más su alimentación, por lo que saben que el azúcar es algo que deben evitar a toda costa. La industria es consciente de ello y juega a cambiar las palabras, sustituyendo el azúcar por otros sinónimos como jarabe de maíz, maltodextrina, glucosa… así intentan que pase desapercibida a los ojos del consumidor. ¡No nos dejemos engañar!

Otra de sus acciones son los productos “bajos en azúcar”, “sin azúcar” o “bajo en carbohidratos” esto nos significa otra cosa que aumento de edulcorantes artificiales, los cuales tampoco son saludables.
Esto es algo que podemos ver con los chocolates sin azúcar, cuyo principal ingrediente es el maltitol, por ejemplo, que quizá sea uno de los edulcorantes menos problemáticos, pero no es saludable.

Sin duda un colectivo al que la industria tiene más engañado son los padres preocupados por la alimentación de sus hijos. ¿Cuántas veces nos encontramos el típico anuncio de cereales enriquecidos con vitaminas y hierro? Esto no deja de ser otro engaño de la industria para que se sigan consumiendo sus productos cargados de hidratos refinados cuyo mayor componente es el azúcar.

Por todas estas razones, debemos prestar atención a las etiquetas nutricionales de los alimentos, ya que en ellas se muestra toda la información de valor acerca de los alimentos que comemos, nos sirven de guía para comprar productos que de verdad nos sienten bien, libres de ingredientes nocivos para nuestra salud.

Recordad que un packaging bonito no es sinónimo de nutrición, no os dejéis engañar por las apariencias. Tener una actitud exigente a la hora de hacer la compra es clave para que tú y los tuyos os alimentéis mejor.

 

Natural Athlete
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Natural Athlete

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