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Las grasas: culpables injustamente

Desde los años 60 se ha relacionado injustamente la obesidad, el sobrepeso y las enfermedades cardiovasculares con la ingesta de grasas, haciendo ver que éstas son algo malo y perjudicial para nuestra salud.

Fue a partir de los años 50 cuando las enfermedades cardiovasculares tuvieron una fuerte presencia y se empezó a sospechar que el azúcar estaba detrás de todo esto. Algo que al cada vez más poderoso lobby del azúcar no le beneficiaba para nada, por lo que buscaron un culpable al que atribuirle todas las enfermedades, y éste no fue otro que las grasas.

La Sugar Association, con su insistente ataque a las grasas, y con alguna que otra estratagema no muy legítimas, cumplió con su objetivo, consiguió que las principales autoridades sanitarias recomendaran que se eliminase por completo el consumo de grasas y la sociedad simplemente lo hizo sin cuestionarlo, de tal forma que se dejó de tomar carnes para comer pasta y arroz, la mantequilla fue sustituida por margarina, los huevos por cereales, se tomaba leche desnatada en vez de leche entera, se empezaron a consumir zumos y néctares y un largo etcétera. Habíamos eliminado las grasas pero a cambio habíamos basado nuestra alimentación en hidratos de carbono refinados cargados de azúcar y almidón.

Este ataque desenfrenado a las grasas comenzó a cambiar en 2015, cuando la American Medical Association hizo que el gobierno estadounidense retirara las limitaciones del consumo de grasa.

Además, toda la acción conspiratoria que la industria estaba llevando a cabo salió a la luz un año después, cuando el periódico The New York Times publicó un artículo donde se demostraba con documentos verídicos que en los últimos 50 años la actual Sugar Association había organizado toda una campaña en la que pagaron a científicos de renombre como el responsable de nutrición del departamento de agricultura de los Estados Unidos, el doctor Mark Hegsted, o Fredrick J Stare, quien estaba a cargo del departamento de nutrición de Harvard, para que no se relacionara el consumo de azúcar con el sobrepeso y las enfermedades cardiovasculares y en cambio hicieran que, como hemos mencionado anteriormente, las grasas fuesen el único culpable.

A ellos se unió Ancel Keys, un conocido investigador de la universidad de Minnesota, que estaba en nómina de la Sugar Association y fue el que comenzó a propagar la teoría de que el consumo de grasa estaba directamente relacionado con las enfermedades cardiovasculares. Keys realizó el conocido “Estudio de los 7 países” -mayor estudio de hábitos nutricionales hecho hasta la fecha- cuyo resultado fue que en los países en los que se consumía más grasas eran más propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares.
Como era de esperar, el estudio estaba falseado, desde la selección de países (fueron elegidos los que tenían unos datos más favorables para la industria) hasta la eliminación de  datos sobre el consumo de azúcar o de carbohidratos.

Tuvo tanta aceptación e influencia los organismos más importantes de salud americanos lo dieron por bueno y cambiaron todas sus recomendaciones guiados por sus conclusiones. Lamentablemente, el mensaje acabó calando en la sociedad y las grasas fueron demonizadas y acusadas como las verdaderas responsables de los problemas de salud. Así comenzaron a consumir alimentos bajos en grasa pero altos en azúcar y carbohidratos, favoreciendo a la industria notablemente.

También había quienes se oponían a estos planteamientos dentro de la comunidad científica,
como John Yudkin, el nutricionista más importante de Reino Unido en los años 50 y 60, quien intentó ponerle fin a la pantomima de las grasas y el azúcar, pero la industria hizo de las suyas con su figura y terminó por excluirle por completo del panorama científico. Hoy vemos que todos sus escritos estaban en lo cierto.

¿Por qué eligieron las grasas?

Una de las razones fue las calorías de las grasas. Un gramo de grasa tiene el doble de calorías que un gramo de carbohidratos o de proteína, por lo que hicieron una relación sencilla pero errónea: Más grasas significa más calorías, y por lo tanto, más peso.

Además, las grasas tienen un gran poder saciante, por lo que al tomarla tenemos menos hambre, y cuando esto pasa, menos alimentos necesitamos, lo que a la industria no le beneficia porque comemos menos.

El resultado es que los alimentos ricos en grasas, sobre todo las saturadas, han sido utraprocesados, sustituyendo esa grasa por los carbohidratos refinados y azúcares. Ejemplos podemos ver en cualquier tienda; yogures bajos en grasa pero cargados de azúcares y aditivos; margarinas, pastas, pan de molde, cereales o galletas son algunos de ellos.
La grasa es una de las principales fuentes de energía junto con los carbohidratos, por lo que si se eliminan las grasas, el consumo de carbohidratos refinados aumenta.

Hoy en día está muy claro que el rechazo a las grasas es algo creado por determinados sectores de la industria, exclusivamente por y para su beneficio desde hace años.
Afortunadamente en pleno siglo XXI, con la era de internet es más fácil desmentir todo lo ocurrido en los últimos 60 años y existe mucha más información contrastada, gracias a estudios como el que hizo National Institute Of Health de Estados Unidos con “Efectos de las dietas bajas en carbohidratos y bajas en grasa: un ensayo aleatorio” publicado en 2014, a favor del consumo de grasas.

En resumen, las grasas no sólo no son perjudiciales para nuestra salud, sino que además son muy necesarias para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Natural Athlete
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