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¿Quién paga los estudios de sanidad “independientes”?

Cuando leemos un artículo supuestamente “independiente” procedente de un laboratorio o incluso de un organismo de sanidad pública creemos que todo lo que pone es verdad. Pero en pocas ocasiones es así.

Las guerras de mercados y el negocio de la alimentación es tan antiguo como el comercio, pues lo primero que se comenzó a comercializar en nuestra historia fue alimentos. Primero con trueques y después por dinero, los seres humanos necesitan comer y al separar los trabajos siendo unos agricultores, otros ganaderos y otros productores de alimentos, desde hace miles de años el ser humano ha tenido que intercambiar y conseguir aquellos alimentos que no podía procurarse por sus propios medios.

La industria alimenticia es una de las que más dinero mueve en todo el mundo ya que, como es lógico, la gente que vive en ciudades necesita comprar todo. Ligado a este fuerte poder económico siempre se suman otro tipo de poderes para conseguir un único fin, hacer cada vez más dinero.

El problema llega cuando existen grandes corporaciones con un interés económico, y que quieren vender su producto sin importar la seguridad de los consumidores. Hay muchos casos de investigaciones científicas serias sobre la seguridad de algún alimento, pesticida o componente presente en los alimentos que consumimos a diario y que han sido silenciados o enterrados por el gran poder de las grandes corporaciones.

De hecho, estas grandes compañías pagan y sobornan a laboratorios “independientes” para que busquen la mejor forma de vender un alimento, atrayendo a la masa de consumidores engañados y/o ignorantes que compran el producto. Es más, no siempre el objetivo es engañar a las masas sino a los gobiernos. Es lógico que un ministerio, organización o asociación de consumidores no tienen el tiempo ni el dinero para encargar y supervisar ellos mismos este tipo de estudios, por lo que cuando un laboratorio o instituto llega con un informe con el sello de independiente, dichos organismos los cogen y los adoptan tal cual.

Hay casos más famosos que otros. El escándalo de las compañías azucareras es especialmente relevante. Tras más de 50 años pagando a laboratorios para que alejaran el azúcar de cualquier tipo de relación con enfermedades cardiovasculares, de sobrepeso y problemas hepáticos, centrando las culpas en las grasas, se han destapado los casos de corrupción en entre las azucareras con lo laboratorios, agencias de sanidad y ministerios de todo el mundo.

No queremos entrar en el debate sobre la corrupción que existe en el mundo y los intereses económicos que hay detrás de desprestigiar a científicos y otros alimentos que no tienen tanto poder económico. Lo que queremos resaltar aquí es que no siempre debemos creer lo que nos dicen que es bueno y lo malo, incluso cuando viene de una autoridad tan grande como la OMS.

Existen infinidad de estudios y documentos que demuestran lo perjudicial que es el azúcar refinada para la salud y lo absolutamente innecesaria que es para nuestra alimentación. De hecho, ¿si fuera tan buena, por qué se ven obligados a engañar y pagar por informes que le sean favorables? Lo peor del caso es que prácticamente todos los productos procesados que existen contienen grandes cantidades de azúcar (tanto productos dulces como salados), ya que el azúcar actúa como conservante.

Lo mejor opción para tener una buena alimentación es siempre optar por productos frescos, naturales y ecológicos. Dejar de lado los productos procesados y comidas preparadas.

Niklas Gustafson
Autor del post
Niklas Gustafson

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