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Un nuevo estudio nos da la razón: las grasas no son perjudiciales

Tiempo de lectura estimado: 3 minuto(s)

Si hay un tema clave para nosotros, es darle la vuelta a la pirámide nutricional actual en la que los carbohidratos tienen todo el protagonismo, y en la que las grasas no ocupan el lugar que merecen. La industria alimenticia lleva años denostando el consumo de grasas, y alertando sobre un falso vínculo con las enfermedades cardiovasculares. Y, si hay algo que sale vencedor de esa carrera, son el azúcar y los hidratos de carbono.

Es complicado dar la vuelta a todo esto. Durante años, se ha silenciado o restado importancia a diferentes estudios que han incidido en esta misma idea, y se ha contribuido a financiar otros que satanizaban a las grasas. La industria ha crecido en torno al imperio del azúcar y de otros aditivos, y es difícil hacer una compra en el supermercado libre de polvo blanco refinado. Sin embargo, cada cierto tiempo surgen investigaciones que arrojan algo de luz. La última la ha realizado el científico, experto en enfermedades cardiacas de la Universidad de Florida, David Diamond, acompañado de otros cinco cardiólogos.

Los cardiólogos lo tienen claro

El texto, publicado en el British Medical Journal, no solo profundiza en que las grasas saturadas no aumentan el colesterol malo ni dañan a nuestro corazón, sino que aporta un enfoque diferente. La eliminación de los carbohidratos simples de nuestra dieta sí es beneficioso para prevenir enfermedades cardiovasculares. Y la de Diamond no es la única investigación reciente al respecto. En el Journal of the American College of Cardiology se hace hincapié en lo que os comentábamos al comienzo: el bulo de las grasas que ha sobrevivido en el tiempo. El texto señala que la recomendación de no consumir grasas saturadas ha persistido a pesar de que hay evidencias de que no es una teoría correcta.

Una de las más denostadas es la carne roja. Sin embargo, lo peligroso de esta foto sería el pan de harina de trigo. Este lleva harina de frutos secos.

Diamond y su equipo arrojan otra nueva idea que deja entrever el poder y los intereses que hay detrás de algunas teorías que se han ido repitiendo y fomentando a lo largo del tiempo. Asegura que ha sido muy rentable vincular el nivel de colesterol con las enfermedades cardiacas. En este sentido, el estudio aporta datos sobre personas con hipercolesterolemia que, gracias a abandonar el consumo de azúcar así como el del tabaco, no desarrollan enfermedades cardíacas. Entonces, ¿por qué se ha puesto tanto empeño en el papel maligno del colesterol? Diamond aclara que a la industria le viene muy bien económicamente comercializar productos que ayuden a rebajarlo, con el mensaje de fondo de que el colesterol es muy perjudicial para la salud cardiovascular.

Lo que la industria lleva años intentando silenciar

Estos son los estudios más recientes, pero si nos remontamos cinco años, nos encontramos con un acontecimiento relevante para dar la vuelta a los mitos que ha desarrollado la industria en torno a las grasas. En 2015, la American Medical Association obligó al gobierno estadounidense a modificar sus recomendaciones para limitar el consumo de grasas saturadas. Y a eso, se le sumaron las publicaciones en The New York Times sobre las presiones de la Sugar Association para financiar publicaciones que fomentasen una idea principal: las grasas son malas. Y claro, si no le damos grasa a nuestro cuerpo, ¿qué nos queda para obtener energía (aunque mucho menos duradera)? Sí, los productos con azúcar y harinas refinadas.

Y si seguimos viajando hacia atrás en el tiempo, ya encontramos publicaciones de expertos que intentaron dar luz a la gran mentira que se ha construido en torno a las grasas. Casos como el del Dr. Yudkin, el nutricionista más relevante del Reino Unido en los años 50 y 60, fue humillado y abocado al ostracismo por toda la potente maquinaria al servicio de la industria azucarera debido a su lucha contra el azúcar y las dietas bajas en grasas. En cambio, se dio voz, también a principios de los años 50, a un investigador de la Universidad de Minnesota, Ancel Keys, financiado por el incipiente lobby del azúcar. Keys comenzaba a propagar una teoría propia según la cual creía que el consumo de grasa estaba directamente relacionado con las enfermedades cardiovasculares.

Hay un aspecto que es una evidencia científica que no se puede refutar: el único micronutriente esencial que necesita nuestro organismo son las grasas, y no los carbohidratos. Las grasas son esenciales para que las funciones vitales se desarrollen correctamente, encima nos sacian, nos aportan proteínas y energía duradera. Con los carbohidratos simples que tanto ha fomentado la industria alimenticia, solo conseguimos que nuestro cuerpo sufra picos de azúcar constantes.

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